Siempre me pregunte que sentiría el día que perdiera alguien importante en mi vida. Siempre me imagine que ese día todo se iba detener, que el mundo dejaría de girar; que haría una retrospección de todos los momentos que pase con esa persona. Creí que nunca más podría mencionar su nombre sin que mis ojos se llenaran de lágrimas, creí que el dolor sería insoportable.
Ese día llego. Llego años después de imaginarme como sería y pensé que mi falta de lágrimas se debia a que entiendo la muerte. Pero aun así ¡Quería llorar! quería deprimirme; quería sentir la perdida de esa mujer que tanto me amo y ame con toda mi conciencia. Pero las lágrimas no salían y el dolor no llegaba. Fue hasta que llegue a su casa, entre a su cuarto y me llego su aroma, fue cuando las lágrimas brotaron; cuando me di cuenta que su humor se disolveria, que olvidaría lo que se sentían sus caricias, que nunca más volvería a quedarme dormido junto a ella, que ya no tendria su bendición... Entonces fue cuando el dolor llego, tan intenso que no podía respirar, un dolor que jamas olvidare y espero no volver a vivir.
Sentado ahí en su cama trate de hacer la retrospección, recordar todo los momentos que viví junto a ella... y no recordé mucho. Solo pude recordar como se enojaba si no nos sentábamos a comer, las largas platicas que teníamos después de la comida y el gesto que hacia cada vez que besaba su frente...
Quería que mi mundo dejara de girar cuando se fuera, pero siguió girando.
Espero llegar a ser el hombre que querías que fuera Abuela.
Entre Oxímorones y Pleonasmos
domingo, 7 de septiembre de 2008
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